Juan Luis Pons Rubio

Juan Luis Pons Rubio

Doctor en Biología, Técnico y Dinamizador de Medio Ambiente

24 Abr 2026 | Empresa | 0 Comentarios

Ximena Alfaro: Las comunidades locales son el corazón de cualquier proyecto de turismo regenerativo, porque son la cultura del lugar.

Ximena Alfaro: Las comunidades locales son el corazón de cualquier proyecto de turismo regenerativo, porque son la cultura del lugar.

Cofundadora de Grupo DOTIA. Turismo Regenerativo. Welness Tourism. Lujo Consciente. Consultoría Estratégica | Argentina

Con una trayectoria que une la hospitalidad, la naturaleza y el diseño, Ximena Alfaro ha dedicado su carrera a transformar la forma en que las personas viven y experimentan los destinos. Su mirada integra gestión, sensibilidad y propósito, impulsando proyectos donde la sostenibilidad y el turismo regenerativo son el eje central.

En la industria del turismo ha liderado iniciativas que promueven una nueva forma de entender la hotelería más consciente, estética y conectada con el entorno, obteniendo reconocimientos como la Categoría Oro del programa Hoteles Más Verdes, donde además forma parte de la Comisión de Sustentabilidad, colaborando en estrategias para una hotelería más ética y regenerativa.

Su trabajo se distingue por unir la visión regenerativa con la eficiencia operativa. Ha logrado optimizar recursos, reducir costos y mejorar la rentabilidad de los hoteles bajo su dirección, demostrando que la sustentabilidad también puede ser una estrategia de negocio sólida.

Antes de dedicarse plenamente al turismo, su camino ya estaba guiado por la naturaleza. Desde proyectos creativos vinculados al diseño y al paisajismo hasta colaboraciones con marcas orientadas a la sostenibilidad, su trabajo siempre buscó crear belleza con sentido y generar un impacto positivo en el entorno.

Hoy, guiada por un profundo respeto por la naturaleza, Ximena combina su experiencia en gestión hotelera con una mirada integral del bienestar. Actualmente cursa la carrera de Psicología, profundizando su enfoque en el equilibrio entre las personas, los espacios y el entorno. Su propósito es claro: llegar a cada lugar y dejarlo mejor de lo que lo encontró.

Ximena, tienes una trayectoria impresionante de más de 15 años en el sector turístico. Nos gustaría saber, ¿qué fue lo que te motivó inicialmente a enfocar tu carrera en la sostenibilidad y el sector hotelero?

Siempre fui una apasionada de la naturaleza, y esa mirada atravesó todas mis decisiones profesionales. Estudié diseño pensando en cómo hacer más eficientes los recursos, y junto a una socia fundamos Puro Verde, un proyecto de jardines verticales orientado a integrar soluciones verdes en espacios corporativos y residenciales con criterio sostenible.

Para mí la sostenibilidad nunca fue un acto aislado, es una visión macro que incluye muchas aristas, y va mucho más allá de economizar un recurso, tiene que ver con las comunidades donde impacta un proyecto, con las personas, con las relaciones.

De hecho hoy estoy estudiando Psicología, porque entiendo que esa dimensión humana es inseparable de cualquier modelo regenerativo serio. Mi entrada al sector hotelero fue, curiosamente, una casualidad, una amiga me propuso co-fundar Grupo Dotia para administrar hoteles, y lo hice con entusiasmo, pero como en cada proyecto que inicio, enseguida incorporé mi visión sostenible como eje central.

Hoy prefiero hablar de turismo regenerativo, porque no alcanza con minimizar el daño, se trata de restaurar y potenciar el impacto en los destinos donde llegamos. Y estoy dando un nuevo paso lanzándome como consultora, porque siento que es el momento de llevar esa visión a escala.

En tu sitio web mencionas que «el verdadero lujo del futuro será dejar el mundo mejor de lo que lo encontramos». ¿Cómo se traduce esta filosofía en la práctica diaria cuando asesoras a hoteles y destinos, y cuáles consideras que son los pasos más críticos para lograrlo?

Esa frase resume exactamente lo que entiendo por turismo regenerativo. Cualquier emprendimiento hotelero, por más consciente que sea, genera impacto, hay concentración de personas, consumo de recursos, presión sobre el entorno.

La pregunta no es si va a impactar, sino cómo revertir y superar ese impacto. No alcanza con mitigar, hay que dejar el lugar mejor de como lo encontramos.

En la práctica, el primer paso concreto es siempre arrancar un proceso de certificación, porque te obliga a armar un plan de sostenibilidad serio, con métricas y compromisos reales. Las certificaciones no son solo un sello, incluyen medidas estructurales del edificio, gestión de recursos, pero también políticas sostenibles vinculadas al entorno, las comunidades y la cadena de valor.

En Argentina tenemos una herramienta muy valiosa que es Hoteles Más Verdes, un programa de certificación excelente que además acompaña al hotelero en todo el proceso, no te deja solo. Es un punto de partida muy sólido para cualquier proyecto que quiera transitar este camino de verdad.

Algunos de tus trabajos, donde lograste certificaciones como Hoteles Más Verdes (categoría Oro), Biosphere, UN Global Compact y GSTC, han sido notables. ¿Cuál fue el mayor reto al integrar estas prácticas sostenibles y cuáles fueron los beneficios más significativos que observaste a nivel de negocio y comunidad?

Cuando me preguntan por el mayor reto, en mi caso fue en realidad un gran descubrimiento, y tiene que ver con el equipo. Armar un equipo comprometido con estas políticas es el desafío más importante de cualquier proceso de certificación, porque implica un trabajo extra sobre el trabajo que ya están haciendo, y eso requiere motivación real.

Hay herramientas y planes para lograrlo, pero hay que trabajarlo. En mi caso me sorprendió gratamente, no solo acompañaron el proceso con excelencia, sino que después empezaron a proponer ideas por su cuenta, iniciativas para la comunidad que nadie les había pedido.

Eso fue uno de los mayores orgullos que me llevé. Y los beneficios superaron ampliamente todo lo que habíamos imaginado. A nivel interno descubrimos recursos, ideas y capacidades que no sabíamos que teníamos. A nivel económico hubo ahorros concretos en agua, electricidad y gas. A nivel comercial también.

Pero el beneficio más significativo para mí fue lo que encontramos en la comunidad, la cadena de valor que se generó. Armamos planes de compra conjuntos con otros hoteles dando prioridad a cooperativas, trabajamos con comunidades originarias, y todo eso fue creando un círculo virtuoso difícil de medir en números pero enorme en valor real.

Lo que quiero destacar es que muchas veces antes de iniciar el proceso la gente tiene miedo, cree que va a tener que invertir mucho, cambiar cuestiones estructurales, y en realidad el beneficio es siempre muchísimo mayor que el gasto. Siempre.

Cuando uno trabaja de esta manera, la sostenibilidad deja de ser una política y se convierte en una cultura, y eso se siente, se vive, se percibe. Hay empresas que lo demuestran claramente, como Patagonia, o en hotelería Neil Jacobs, el ex CEO de Six Senses que expandió la marca de 8 a 26 propiedades con la sostenibilidad y el wellness como eje, y que acaba de lanzar Wild Origins con exactamente esa misma filosofía.

Cuando la cultura regenerativa está incorporada de verdad, la eficiencia operativa es una consecuencia natural, no un esfuerzo, y eso se traduce en resultados concretos a nivel económico y comercial, pero sobre todo en un valor que no siempre tiene número.

Actualmente estás estudiando Psicología, lo que complementa tu enfoque holístico. ¿Cómo crees que la Psicología y la comprensión del bienestar humano pueden enriquecer el desarrollo de experiencias turísticas regenerativas?

La Psicología es clave en este sector, y no solo desde su función más básica de comprender el comportamiento humano. Para mí tiene una aplicación muy concreta en la gestión de equipos, algo que justamente mencionaba Neil Jacobs como uno de los factores más determinantes en cualquier proyecto, cuando tenés un grupo humano motivado, conectado con objetivos reales y con sentido de propósito, el resultado casi siempre es un éxito.

La Psicología te da herramientas para construir esa cultura, para identificar problemas a tiempo, para acompañar momentos de crisis.

Y después está la dimensión del viajero, que hoy es completamente distinta a la de hace diez años. Las neurociencias nos ayudan a entender cómo se mueven los grupos, qué tendencias emergen, qué está buscando realmente la gente. Y lo que está buscando claramente ya no es solo un hotel lindo o una sesión de spa, es conexión, con uno mismo, con el lugar, con algo que te lleves de verdad.

Hay tendencias mundiales muy concretas que lo confirman, como los baños de bosque, una práctica con respaldo científico que demuestra que la conexión con la naturaleza reduce el cortisol, baja el estrés y tiene un impacto real y medible en la salud física. El viaje se convirtió en una experiencia transformadora, y eso exige una mirada mucho más profunda que la puramente comercial.

En ese contexto, tener formación psicológica te permite diseñar experiencias que respondan a esa búsqueda de manera genuina, y también preparar mejor a los equipos que van a acompañar esas experiencias, porque al final esto no deja de ser una cuestión profundamente humana, son personas que viajan a conectarse con la naturaleza y con otras personas.

Comprender cómo funciona el ser humano, cómo razona, qué necesita, es una herramienta que sirve en cualquier industria, pero en turismo regenerativo es indispensable.

Desde tu perspectiva, ¿qué papel juegan las comunidades locales en el modelo de turismo regenerativo que promueves y cómo garantizas que se beneficien directamente de estas iniciativas?

Las comunidades locales son el corazón de cualquier proyecto de turismo regenerativo, porque son la cultura del lugar, y por suerte hay una tendencia creciente donde el viajero busca exactamente eso, conectar con algo auténtico.

Eso me alegra profundamente, porque creo que cada cultura tiene algo valioso para aportar y compartir.

En mi caso lo implementé de maneras muy concretas. Desarrollamos una propuesta gastronómica basada en productos autóctonos adquiridos a cooperativas y productores locales, lo que además de fortalecer la economía de la comunidad reduce significativamente la huella de carbono al eliminar el transporte de larga distancia, y le da una identidad genuina y única a la propuesta gastronómica del hotel.

En Iguazú organizamos encuentros donde miembros de las comunidades originarias venían al hotel a dar charlas, y el interés de los huéspedes era real y genuino. Todo el personal que contratamos era local, porque eso también es parte del modelo.

Y uno de los programas que más me enorgullece tiene que ver con la huella de carbono. Le proponíamos al viajero medir su impacto y luego compensarlo de una forma experiencial, íbamos con el equipo y el huésped a plantar especies autóctonas en la selva, con plantas compradas al vivero de la comunidad local.

El beneficio ahí es doble y concreto, el viajero se lleva una experiencia transformadora y una responsabilidad activa, la comunidad se beneficia económicamente, y la selva se reforesta con especies nativas.

Eso es exactamente lo que significa turismo regenerativo en la práctica.

¿Cuál ha sido el proyecto o la iniciativa de turismo regenerativo de la que te sientes más orgullosa y por qué?

Me cuesta elegir un proyecto por encima de otro, porque cada hotel tiene su historia y su proceso, y no me parece justo destacar uno. Pero si tengo que identificar de qué me siento más orgullosa, es de algo que atravesó a todos, haber logrado instalar una cultura regenerativa real dentro de la empresa, mucho más allá de lo que cualquier certificación exige.

Ver cómo los equipos no solo acompañaron el proceso sino que lo hicieron propio, que empezaron a proponer, a innovar, a comprometerse con algo que excedía su trabajo cotidiano, eso no tiene precio.

En el camino obtuvimos logros muy concretos, como la certificación Oro de Hoteles Más Verdes, que es un reconocimiento al trabajo serio y sostenido, pero lo que más me enorgullece es lo que quedó adentro de la organización, una forma de hacer las cosas que ya no depende de mí para seguir existiendo.

Mirando hacia el futuro, ¿cuál es tu visión para el turismo regenerativo en América Latina en los próximos 5 a 10 años? ¿Qué tendencias o innovaciones crees que serán cruciales?

América Latina tiene un potencial enorme para el turismo regenerativo, y creo que los próximos años van a profundizar una tendencia que ya está en marcha. Vivimos hiperconectados, con un dispositivo que no nos suelta nunca, trabajo, redes sociales, noticias, todo el tiempo, y eso genera una necesidad creciente de desconexión real y reconexión con uno mismo.

El viajero de hoy, y mucho más el de los próximos diez años, no va a buscar solo un destino lindo, va a buscar una experiencia que le aporte algo, que lo sane, que lo conecte con una cultura, consigo mismo, o las tres cosas juntas.

Ya se ve en el crecimiento de los centros de wellness que trabajan con programas específicos de rejuvenecimiento, tratamiento de patologías, salud mental, y en prácticas como los baños de bosque con respaldo científico concreto. El viaje se está convirtiendo en una herramienta de salud integral.

Y ahí es donde América Latina tiene una ventaja competitiva real que pocas regiones del mundo pueden igualar. Territorios extraordinarios, biodiversidad única, naturaleza intacta en muchos casos, culturas riquísimas con saberes ancestrales, y una forma de ser que nos caracteriza, somos personas cálidas, con vínculos fuertes, con una conexión humana genuina que el viajero busca y siente desde el primer momento. Tenemos muchísimo para aportar al mundo desde ese lugar.

Y hay algo más que me entusiasma profundamente de esta tendencia, cuando uno conoce una cultura, la respeta. Cuando uno entiende un territorio, sus particularidades, sus necesidades ecológicas y ambientales, comprende por qué hay que cuidarlo y se compromete con eso de una manera que ninguna campaña de concientización logra.

El viaje tiene ese poder único de transformar la mirada. Y creo que en un mundo con tanto conflicto, conocernos más, entendernos más, es también una forma de achicarlo.

Ojalá la gente siga buscando eso, porque cuando viajamos con curiosidad genuina y respeto, todos ganamos.

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